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Sube y baja a París (fin de año 2017).

El último fin de año fue realmente especial. Por primera vez nos decidimos despedir el año desde otro país. La verdad es que teníamos muchas ganas, pero estábamos muy limitados con los horarios de trabajo, ya que el día 31 cayó en domingo y Pere trabajaba el sábado. Sólo contábamos con el día 1 como festivo, así que hicimos una visita flash a París.

Salimos el mismo 31 temprano y llegamos para el desayuno a la capital francesa. Como sabíamos que sería un viaje extra corto, tuvimos que relajarnos, intentando ver lo máximo posible pero sin agobiarnos (sobre todo yo).

Como sólo pasamos una noche fuera, en esta ocasión gastamos un poco más en el hotel, escogiendo un lugar donde en un viaje de más días no nos hubiéramos podido permitir dormir:  Hotel Cheiseul Opera.

Durante el día 31 pateamos todo el centro para ver los lugares más emblemáticos, como la Torre Eiffel, el Arco de Triunfo, el Trocadero, Notre Dame, el barrio de Montmartre y el Sacre-coeur… Comimos y fuimos hacia el hotel a ponernos arreglarnos, ya que habíamos quedado con unos amigos que también estaban en París para cenar juntos y recibir el año 2018 viendo un espectáculo piro-musical en el Arco de Triunfo. Que quede claro que si cenáis en París para fin de año la comida os costará un riñón, pero vaya, nosotros lo teníamos asumido… De hecho, teníamos mesa reservada desde Barcelona (reservar previamente y con días de antelación, que sino será imposible). Hay que hacer constancia también, que si lo que pretendéis es salir de fiesta hasta que salga el sol, París no es la mejor elección. Por lo menos, recordamos que una vez que terminaron las «campanadas» (que nosotros hicimos a nuestra manera, comiendo uvas que llevábamos enlatadas), el metro se saturó durante un buen rato porqué todo el mundo quería irse. En realidad lo agradecimos, ya que al día siguiente queríamos madrugar.

Así pues, al día siguiente nos levantamos muy prontito para aprovechar el día. Compramos un par de croissants y dos café au lait para llevar, que nos zampamos en el metro, de camino al punto de encuentro que quedamos con los amigos de la noche anterior, ya que pensamos que aprovecharíamos y haríamos turismo juntos. Lo primero que hicimos fue dirigirnos a la Torre Eiffel. Hacía un tiempo terrible, pero teníamos claro que queríamos subir a toda costa. Fuimos muy pronto y gracias a ello hicimos una cola relativamente corta (no creo que tardáramos más de 15 minutos) y pudimos subir los primeros. El frío allí arriba era horroroso y caía una lluvia fina tan fuerte que parecía que te cortara la piel, pero valió la pena para ver la ciudad desde el cielo. Una vez abajo siguió lloviendo durante un buen rato, lo que nos obligó a refugiarnos en un Starbucks. Cuando paró fuimos al Isla de la Cité ver Notre Dame, las calles de alrededor, que tienen mucho encanto, y una librería bastante conocida llamada Shakespeare and Company. Después comimos una foundie y acabamos de dar un paseo (parando a comer también una crepe) hasta que nos separamos.

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¡Poco rato más nos quedaba en la ciudad de la luz! Enseguida fuimos hacia el Hotel para coger las maletas e ir hacia el aeropuerto que nos traería a Barcelona, resultando pues esta experiencia de lo más corta e intensa. Realmente nos gustó mucho recibir un nuevo año fuera de casa y quizás, más adelante, lo volvemos a repetir.

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