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Atenas: Calurosa y caótica.

El mes pasado os hablábamos del sueño que vivimos este verano en Creta, donde cada momento fue impresionante en todos los sentidos, ¿verdad? Pues bien, ahora toca la segunda parte del viaje, cuando hicimos parada en Atenas, donde pasamos dos días más la tarde del día de llegada. El vuelo de Heraklion en Atenas lo hicimos con una compañía lowcost llamada Volotea y fue rápido y sin incidencias.

Al aterrizar en la capital griega y empezar a mirar como teníamos que llegar al apartamento comenzaron los dolores de cabeza (en esta ocasión íbamos cero preparados). Al buscar el apartamento de Atenas, una de las cosas que creí requisito era que estuviera cerca de la plaza Syntagma así que, sabiendo esto, Pere buscó un apartamento que nos gustara lo suficiente y cumpliera este requisito. El escogido fue un apartamento súper mono que nos enamoró desde que vimos las fotos de la pared de piedra del comedor y la habitación (podéis verlo aquí). No miramos nada más, total, entraba en nuestro presupuesto, era chulísimo y cerca de donde queríamos… ¡perfecto!

Hasta que al buscar cómo llegar descubrimos que la ubicación no era la que creíamos y que estaba bastante alejado de la zona céntrica, concretamente a una hora y tres minutos caminando, según Google maps. De hecho, para llegar la vía más rápida era cogiendo el metro y un autobús, resultando un trayecto de 30 minutos. No nos lo podíamos creer… si cuando lo buscamos pensábamos que era cerca del centro ¿cómo podía ser tanta diferencia? Hicimos medio camino de morros el uno con el otro por no haber buscado bien el apartamento. Al salir de la estación de metro se puso a diluviar y nos cobijamos en una cafetería durante más de media hora, empapados, enfadados y cansados hasta que, viendo que no paraba de llover, decidimos ir a buscar la autobús bajo la lluvia, cargando las maletas y con el agua hasta los tobillos (llovió una barbaridad, suerte que nos pusimos las chanclas).

Por fin llegamos al apartamento, donde nos recibió la propietaria y nos lo enseñó. Cabe decir que la relación calidad-precio era muy buena y que el apartamento era una monada. Nos dimos cuenta que en Atenas hay dos calles que se llaman Apostolou Pavlou, y que uno de ellos está en el centro y el otro en el barrio de Agios Dimitrios, donde estaba el apartamento… ¡ya es casualidad! Como el apartamento nos gustó mucho, decidimos no verlo como un punto negativo e ir a dar una vuelta para encontrar algún supermercado donde hacer la compra, ya que algunas comidas las haríamos en casa. El barrio se veía muy residencial y tenía bastantes tiendas y locales para nada turísticos. El primer súper al que entramos nos sorprendió por la poca cantidad de productos que tenía. ¡Las estanterías estaban casi todas vacías! Antes de comprar nada (lo único que podríamos haber comprado allí era una pizza y un paquete de galletas… no había NADA) decidimos mirar a algún otro lugar y el próximo supermercado ya pudimos encontrar cosas. Incluso tenían cerveza Estrella Damm. Ya con la compra hecha, nos pusimos cómodos, hicimos la cena y vimos una peli, planificando el día siguiente.

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El primer día lo dedicamos a ver la acrópolis, que nos encantó aunque hubiera tanto turista. Aparte, vimos algunos lugares del centro y comimos comida griega en un restaurante cercano a la acrópolis que nos gustó bastante. Por la tarde fuimos a ver el estadio del equipo de fútbol Panathinaikos, que estaba cerrado y sólo pudimos ver por fuera y visitar la tienda. Allí Pere se compró una camiseta tirada de precio, ya que estaban haciendo un cambio de patrocinador y al parecer, querían deshacerse  del stock de material de la temporada antes de llevar el nuevo género.

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36617503_10216459735067477_6434557382520471552_n36623745_10216459731347384_1846587275853430784_n36631581_10216459738427561_3849898848935739392_n36664407_10216459736147504_8142715766479781888_n36656002_10216459732947424_3694798208258539520_norg_dsc02223org_dsc0216036743633_10216459741547639_4218825643330109440_n36730229_10216459740987625_693718053883478016_n36623027_10216459734067452_1184563164331638784_n36710989_10216459755627991_3823716870033244160_n36686744_10216459756428011_6855545507029188608_nimg_20180628_154557El último día nos levantamos más tarde y preparamos las maletas. El apartamento lo dejamos por la mañana y por suerte, encontramos unas consignas junto a la plaza syntagma donde poder dejar las maletas por 3 euros al día. Seguimos recorriendo el centro, comimos, fuimos a ver un parque del cual nos echaron porque hacía viento (¿?) Y fuimos al estadio Panathinaiko.

Visitar el centro y los lugares culturales de Atenas nos gustó mucho, pero creo que los dos días enteros se nos hicieron largos. En muchos momentos no sabíamos dónde ir ni qué hacer, y con el calor que hacía sólo teníamos ganas de descansar en algún lugar donde estuviera bien fresquito… aunque pecáramos de guiris, pasamos mucho tiempo en un Starbucks, haciendo tiempo , riendo y charlando, alargando el café.

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36676469_10216459757748044_3727127247434285056_n36614423_10216459734747469_4700828545692205056_n36733996_10216459733707443_2351622760679079936_n36564949_10216459759268082_9025902926782005248_n36713564_10216459761148129_2369657650477531136_n36621267_10216459765988250_3686454478371815424_n36643303_10216459764988225_7187794826903945216_n36611086_10216459759108078_6619978130075418624_nPor la tarde ya recogimos las maletas y fuimos hacia el aeropuerto, que nos pareció un desastre total. La parte de fuera, antes de pasar el control, es muy moderna y tiene un montón de tiendas, pero una vez pasas por el control del aeropuerto, todo es caótico: a medias, en obras inconclusas y sin casi ningún servicio. Había tres bares, de los cuales sólo uno estaba abierto y un duty free que estaba cerrado. Con la vuelta tuvimos mala suerte y Vueling retrasó nuestro vuelo 5 horas, así que llegamos a Barcelona a las tantas de la madrugada y muertos del cansancio.

Así pues, este viaje tuvo dos partes diferenciadas: la idílica y perfecta estancia en Creta y el desorden y desastre de Atenas. Por suerte, de todos los viajes acabamos sacando buenos recuerdos y conclusiones, ya que ir juntos al fin y al cabo es lo que más nos gusta.

De Atenas nos quedamos con las risas, las visitas culturales, las cariátides del Erecteion, los gatitos y los ratos de huir del calor pasando el rato juntos en cafés y bares. Recordaremos el mal genio de la gente, tan diferente al carácter de los cretenses, el horrible aeropuerto, las horas de espera y que, si tuviéramos que volver, con un día para ver los lugares importantes de la ciudad ya tendríamos suficiente.

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