Italia,  Verona

Verona: Donde los Montesco y los Capuleto.

Tal y como dijo Pere en la última publicación, durante nuestra escapada a Milán dedicamos uno de los días a ver la ciudad de Verona. Sólo ver la ciudad que nos tocó con Drumwit, empezamos a buscar qué lugares cercanos con encanto nos gustaría visitar. Algunos amigos en recomendaron lugares como el Lago de Como, Bérgamo, Brescia, Padua… seguro que todos estos sitios son preciosos y dignos de ser visitados, pero nosotros nos acabamos decantando por la ciudad de Romeo y Julieta: la preciosa Verona.

El mismo día de saber el destino al llegar a casa empezamos a mirar como llegar y cogimos los billetes de tren. Saldríamos de la estación Central de Milán a las 08:25 h de la mañana y las 10:15 h llegaríamos a Verona Porta Nuova. El trayecto duraba poco menos de dos horas. Para volver deshicimos el trayecto, saliendo a las 19:45 h y llegando a las 21:35 h en Milán. Cada billete de Trenitalia nos costó 12,75€, así que el coste total de la ida y la vuelta fueron 51 € (25,50 € por persona).

Así pues, nos tocó madrugar para ir hacia la estación de tren. La estación es bastante grande y te puedes distraer entre tiendas y cafeterías. Nosotros no perdimos el tren por los pelos, pero por fin llegamos a los andenes, donde nuestro tren ya nos esperaba. Cabe decir que estuvimos a punto de perder el tren, ya que era absolutamente necesario que compráramos algo para el desayuno (café y croissant para llevar) para poder hacer el trayecto sin ningún incidente. Entramos al vagón cuando la puerta ya hacía el «Pi, pi, Pii» de que se cerraba, después de hacer los 100 m lisos desde la cafetería.

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El culpable de que casi perdiéramos el tren.

Una vez en la estación de Verona, caminamos hacia el centro de la ciudad (¡bendito Google maps!) y alquilamos una bicicleta para cada uno con el servicio Verona Bike, el cual es muy similar al Bicing de Barcelona. Para poder utilizar durante un día tienes que registrarte vía mail (suerte de los smartphones) y pagar 2 € con tarjeta o Paypal. Una vez hecho, te envían unas credenciales y una clave para poder coger bicis en todos los puntos de estacionamiento que tienen por la ciudad. Puedes usar la bici durante 2 horas seguidas, tras eso la tienes que dejar en alguno de los puntos durante un mínimo de 10 minutos y, a continuación, puedes volver a coger otra, ya sea en el punto donde la has dejado o en cualquier otro. A nosotros nos encantó ver la ciudad de esta manera, ya que pudimos ir a muchos más sitios o, por lo menos, de una manera más rápida y divertida que yendo a pie. Mucha gente nos paraba para preguntarnos dónde estaban estas bicis y cómo se podían coger.

Durante nuestro día a Verona nos lo tomamos todo con mucha calma, la verdad, ya que teníamos suficientes horas para ver todo lo que queríamos y prevalecía el pasarlo bien que el ver todos los lugares turísticos. Paseamos por la Plaza Bra, visitamos la arena (el anfiteatro romano), la calle Mazzini, la calle Capello, la Casa de Julieta, la Plaza de las Hierbas (donde hacían un mercado), el Duomo de Verona, el palacio de la Razón, el puente Castelvecchio y el mirador de Castel Pietro.

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El lugar turístico que era obligado aunque nos decepcionó un poco fue la Casa de Julieta, pero no por desencanto del lugar, sino por la gente que había. Parecía imposible pero al final, con mucha paciencia, pudimos tener una foto en el famoso balcón, emblema de la ciudad. Comentaros que la entrada para ver la casa son 6 € y que dentro hay la decoración y el mobiliario típico de los siglos XVI y XVII. Como curiosidad, cabe mencionar que parece ser que el balcón se construyó posteriormente, siendo añadido al edificio para representar mejor la obra de Shakespeare… como nos gusta el amor romántico ¿verdad?

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Para comer, descansando un poco de pizza y pasta, comimos sushi en un restaurante de esos que pides tanto como quieras de carta por muy buen precio. Después cruzamos el puente Castelvecchio y fuimos a ver lo que nos gustó más de toda la visita: el mirador de Castel Pietro. En serio, las vistas desde aquí arriba son una preciosidad, vale totalmente la pena subir las escaleras infinitas bajo el sol de agosto para poder disfrutar del paisaje. ¡Parada obligada!

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Verona nos enamoró totalmente… creo que los dos estamos de acuerdo en que la guinda del viaje a Milán fue poder visitar esta preciosa ciudad. Fue cansado, sí, porque el viaje en tren y tanto pedalear todo el día (aprovechamos las bicicletas hasta el último minuto, viendo las zonas más bonitas y también las más poco turísticas de Verona) agota. Llegamos al hotel reventados, pero no cambiaría por nada el día que pasamos.

La verdad es que nos parece que la mayoría de las ciudades italianas tienen un encanto especial. Ojalá algún día podamos hacer una ruta por diferentes puntos del país y podamos volver a esta mágica ciudad.

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